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viernes, 4 de mayo de 2012

JOHANN KASPAR LAVATER 1741-1801

Johann Caspar Lavater (Zúrich, 15 de noviembre de 1741- 2 de enero de 1801) fue un teólogo y escritor protestante suizo de lengua alemana.
Alcanzó notoriedad sobre todo gracias a su obra sobre la fisionomía: El arte de conocer a los hombres por la fisionomía (1775-1778).
Goethe, que fue amigo suyo, era un gran admirador de su obra. Hay que considerarle fundador de la fisionomía y de la morfopsicología.


Vida:
Creció en una atmósfera de piedad sincera, mostrando enseguida una naturaleza decididamente religiosa. En el instituto en Zurich tuvo como maestros a Johann Jakob Bodmer y Johann Jakob Breitinger, ardientes portadores de un arte poético que tenía su manantial en una sensibilidad refinada. Bodmer entró en estrecha relación con Lavater y despertó su entusiasmo por la amistad y la virtud, por los ideales políticos liberales y por la poesía de Klopstock y Young. Su desarrollo teológico estuvo grandemente influenciado por el obispo Butler, Samuel Clarke y sus fieles seguidores alemanes. En la primavera de 1762 fue admitido al ministerio de Zurich. Ese mismo año sucedió su conflicto con cierta autoridad del distrito, a quien él acusó ante el consejo de opresión y fraude. Un viaje a Alemania y una estancia de nueve meses en la localidad pomerana de Barth, donde estudió con J. J. Spalding, le libraron del curso de las agitaciones que esa acción legal había tomado. A su regreso a Zurich en 1764 se ocupó en tareas literarias de carácter pastoral práctico. Bajo el título Der Erinnerer publicó un semanario ético, que fue en su mayor parte producto de su pluma. Aunque entregado al llamamiento espiritual no fue hasta 1769 cuando recibió su primer nombramiento como ayudante en la iglesia de la casa de huérfanos en Zurich. Accedió al pastorado en 1775. En 1778 fue invitado como ayudante en San Pedro, Zurich, y en 1786 fue nombrado pastor de esta famosa iglesia y miembro del consistorio.


Lavater congregaba ante su púlpito a una numerosa congregación cada domingo, atraída por su naturalidad en la exposición, por los asuntos prácticos y directos de sus sermones y por la riqueza espiritual y convicción personal del predicador. Con su cálido interés en cada individuo, su delicadeza psicológica de sentimiento y su cordial amor era único como pastor. No sólo residentes, sino muchos extranjeros lo escogieron como consejero para su vida interior y su correspondencia pastoral creció hasta enormes proporciones. Apenas dejó Zurich, pero frecuentemente ofreció hospitalidad a viejos y nuevos amigos en su casa. En el verano de 1774, en Bad Ems, se encontró con Goethe, Basedow y Jung Stilling; en 1786 acompañó a su hijo a Bremen y en 1793 accedió a una invitación del conde Bernstorff para que visitara Copenhague. Sus últimos años estuvieron entremezclados con los grandes sucesos que provocaron la caída de la antigua confederación Suiza. Desde el principio Lavater saludó la Revolución Francesa como el amanecer de la libertad popular. Sin embargo, posteriormente los hechos "liberadores" de violencia le llenaron de indignación. Un acto de gran valentía fue su Wort eines freien Schweizers an die franzosische Nation (en inglés, francés y alemán, Londres, 1798), un tratado que envió el 10 de mayo de 1798 al director francés Reubell. No hubo procedimiento contra él inmediatamente, pero al año siguiente fue desterrado a Basilea. Iba a regresar de nuevo cuando, el 28 de septiembre de 1799, los franceses triunfaron sobre los aliados cerca de Zurich. Los franceses entraron en la ciudad y un soldado pidió a Lavater algo de vino, pero apenas lo había recibido cuando disparó a Lavater en el pecho, causándole la herida la muerte. Unos días después cada uno de sus amigos recibió un memorial que él había escrito para ellos a manera de despedida.


Ideas religiosas:
La relación de Lavater con los eruditos alemanes le confirmó en la tendencia de abstenerse de formas dogmáticas en la expresión de los asuntos religiosos. Su propio punto de vista era marcadamente el de un místico, aunque se atenia rígidamente la Biblia. Todas las discusiones no liberales y secundarias le repelían. Esto fue lo que le indispuso con los pietistas y la escuela morava. De la observación, hecha en 1710 de que en el Nuevo Testamento las comunicaciones del poder divino contienen una sensibilidad sobrenatural y que en ninguna parte en el Nuevo Testamento hay mención de ningún cese de tales manifestaciones, Lavater dedujo que el cristianismo perfecto debería descansar todavía sobre experiencias de esta clase. Por tanto, siguió el hábito de velar y esperar manifestaciones sobrenaturales de poder. En el magnetismo animal de Mesmer, en el sonambulismo, en los exorcismos del pastor Gassner, se inclinó a detectar comunicaciones de la Deidad silenciosa y finalmente creía que el apóstol Juan todavía permanecía en la tierra. Su predilección por los fenómenos ocultos le produjeron considerable ridículo. Sin embargo, Lavater reconoció el peligro de su entusiasta inclinación y fue discreto en la expresión de sus anticipaciones sobrenaturales. Respecto a la personalidad de Lavater hubo mucha discusión incluso en su vida. Las inamistosas e injustas críticas de Goethe, particularmente en el Xenien, dominaron la opinión general incluso hasta el día actual, pero en otros sentidos Goethe habló de manera diferente de Lavater (cf. Wahrheit und Dichtung, III. 14). En la vida práctica Lavater manifestó una profunda piedad, confianza en Dios y amor hacia los hombres, cumpliendo los deberes de su llamamiento con la mayor fidelidad.


Escritos:
Lavater fue un voluminoso autor que invariablemente escribió con la idea de la "utilidad general." Sin embargo, con su tendencia a subrayar la eficacia práctica combinó el idealismo común al período Sturm und Drang, caracterizado por una tendencia a contemplar y glorificar la vida interior. Lavater fue un prominente exponente de este movimiento, aunque, en riqueza de ideas y totalidad de formas, sus contribuciones al movimiento se quedaron muy lejos de las de Goethe, Herder y otros. Al menos tres obras suyas merecen especial atención. En el caso de la primera el nuevo estilo, para Lavater, se exhibe en el tono de Klopstock. Una dama le había pedido un poema sobre la bienaventuranza de los glorificados. Para la realización del mismo apeló por cartas a sus amigos pidiéndoles consejo. El poema nunca lo escribió, pero Lavater publicó sus cartas como Aussichten in die Ewigkeit (4 vols., Zurich, 1768-78), que son especulaciones en cuanto a las condiciones y poderes del hombre tras la muerte. El eje de las ideas de Lavater aquí no es la visión imaginativa, en su propio sentido, sino la intuición psicológica y ética.


En Physnognomische Fragments (4 partes, Leipzig, 1775-78), Lavater procuró describir la grandeza humana bajo la riqueza de las caracterizaciones individuales. Más independientemente que en cualquier otra parte permanece el interés estético que impulsa esta obra, la estética en ese sentido elevado por el que la forma es el símbolo de un contenido interior. Al mismo tiempo, la forma fisionómica de la contemplación ha de tener por su objeto la sabiduría del Creador y su obra peculiar en los genios, como testigos elegidos de su grandeza. El individualismo ético que alcanzó su más completa expresión en esta obra permanece en fundamental acuerdo con el modo de pensamiento de Goethe, en contra de la ética racionalista de la Ilustración. En Pontius Pilatus (4 vols., Zurich, 1782-1785) Lavater proporciona un retrato de la humanidad en el espejo del relato de la pasión de Cristo. El autor estimó esta obra como la más importante, pero Goethe la criticó en la forma y sustancia, separándose desde ese momento los dos personajes. Ha sobrecargado incluso a los lectores más indulgentes que tratan de encontrar el hilo en medio de su torbellino de ideas, aunque en esta obra los pensamientos fundamentales del autor, que de buen grado la denomina su "sistema", se pueden suponer más centrados. La humanidad, según Lavater, vive en individualidades, cuya manifestación particular es consonante con la voluntad divina, debiendo mutuamente apoyarse entre sí. Cada uno puede "incitar y encender los poderes latentes o inactivos en sus semejantes"; puede ayudar a los otros a ser "más libres, más avivados, más positivamente existentes, más agradables y más capaces de discernir." Incluso Dios se convierte en placentero sólo a través de los hombres. En lo más alto de la escalera de la humanidad está Cristo, el "hombre divino" y el "hombre semejante a Dios." Lo infinito es placentero para nosotros sólo por lo finito; Dios se humaniza a sí mismo en Cristo. Al tratar las operaciones de Cristo, a Lavater le gusta la imagen del médico y la sanidad: el perdón de pecados es la restauración del poder perdido. Los pensamientos fundamentales de la creencia cristiana quedan reducidos y adaptados al evangelio del despertar, a la deificación de la humanidad, tal como eran defendidos por los espíritus jóvenes de la sexta y séptima década del siglo XVIII. Con Hamann, Lavater es el espíritu cristiano de este círculo.


Aparte de las numerosas colecciones de los sermones de Lavater y muchas compilaciones devocionales, hay varias otras obras que merecen atención. Las más importantes son: Schweizerlieder (Berna, 1767), un volumen de himnos patrióticos en los que Lavater logró su mayor éxito como poeta; Das geheime Tagebuch von einem Beobachter seiner selbst (2 partes, Leipzig, 1771-73), la primera de esas revelaciones sentimentales cuyos paralelos más distinguidos están en Werther (1774) de Goethe y las Confessions (1781) de Rousseau; Abraham und Isaak (Winterthur, 1776), un drama bíblico; Jesus der Msssias (4 vols., 1783-86), una épica bíblica; Nathaniel (1786), una apología del cristianismo y la Biblia; Handbibliothek fur Freunde (24 vols., 1790-94); Joseph von Arimathia (Hamburg, 1794), otro poema bíblico y Das menschliche Herz (Zurich, 1798), un poema en seis cantos. Lavater también escribió unos 700 himnos, siendo la colección mejor conocida Christliche Lieder (2 partes, Zurich, 1776-80). De Lavater como poeta se puede decir que, aunque tuvo gran facilidad en la expresión métrica, le faltó poder creativo.


M. Moisés Acedo Codina - Morphopsychologue nº 3898SFM París


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